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Terra
La Coctelera

Reforma constitucional

La primera reforma constitucional que debe afrontarse no es la del sexo de los monarcas o la de la composición del Senado, sino una más inaplazable: instaurar la cadena perpetua para los asesinos capaces de reincidir. Usted seguramente vio por televisión al etarra Javier Bilbao apuntar con el dedo a un juez gritándole que en cuanto salga libre le pegará siete tiros, siete, le arrancará la piel a tiras, y que él y muchos nacionalistas seguirán matando hasta que el País Vasco sea independiente. Asesinos múltiples como Txapote, De Juana Chaos o Henry Parot anuncian desde las cárceles que reincidirán. Después de pasar varios años en prisión por atentados anteriores, el propio Bilbao alcanzó la libertad y mató nuevamente.

Las democracias sin complejos de culpabilidad por su pasado mantienen la cadena perpetua para asesinos así. Aquí, los constituyentes, ex franquistas y la izquierda buenista, decidieron en el artículo 25-2 de la Constitución que: "Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social". Con ello se consiguió que tales penas no fueran castigos perennes, sino una vuelta temporal a un internado semiescolar para adquirir buenos modales. Hay groseros incorregibles, que se sienten importantes asesinando reiteradamente. Pero, como en las democracias europeas más desacomplejadas, que instauren la cadena perpetua. Esa es la primera reforma que necesita la Constitución, mucho más que definir el sexo de los ángeles custodios.

Manuel Molares do Val, El Correo Gallego

Tiranía educativa

OBLIGAR a unos padres a mandar a su hijo a un colegio público en el que hay violencia, drogas y poco rendimiento escolar es un concepto tiránico del poder. Nadie puede justificar que por una cuestión de domicilio unos padres estén obligados a poner a su hijo en grave riesgo educativo. Por el contrario, es muy justificable que algunas familias hagan lo posible para que sus hijos no tengan que sufrir este proceso de deterioro educacional, y busquen empadronarse donde sea necesario. Lo que está mal no es que los padres hagan trampa para buscar el mejor centro para sus hijos, sino que la Administración los quiera obligar a que los manden a uno determinado. Eso sólo puede calificarse de tiranía irracional.

Estamos ante una decisión política de gran alcance que afecta a muchas familias. Podrá argumentarse que si todos los padres llevan a sus hijos al colegio público que más les gusta o que tiene más prestigio, algunos centros se quedarían vacíos y otros no podrían acoger a todos los que lo solicitan. Por lo tanto, lo único posible es obligar a que las familias lleven a sus hijos al centro que les corresponde, con el tiránico criterio de la decisión administrativa correspondiente. Y no faltarán los que afirmen que el que quiera otra educación que la pague. Nada más injusto. Estamos ante una injusticia porque va contra la igualdad de oportunidades: condena a muchos chavales a maleducarse mientras que otros están en el ambiente más favorable para labrarse un futuro mejor. Es injusto, porque siempre acabará afectando directamente a las familias más desprotegidas, a aquellos padres que no tienen tiempo o capacidad de defenderse ni de mandar a sus hijos a un colegio concertado. Es irracional porque esta actitud va contra la educación pública.

Los responsables políticos tiene la obligación de ofrecer a los ciudadanos un sistema educativo justo, con igualdad de oportunidades para todos, y ésta no la hay si no se cuida la educación pública o no se da la posibilidad a los padres de elegir el centro que consideren más adecuado para sus hijos. Los centros públicos desprestigiados, sin una dirección seria, donde no se pueda garantizar que los alumnos con interés puedan estudiar libres del acoso de los inadaptados, deberían ser cerrados. Una consellería responsable no puede quedar tranquila con mantener estos centros por presiones sindicales. Ni debería quedar tranquila por el hecho de que las asociaciones de padres o los consejos escolares estén controlados por su corriente política. Ni puede estar tranquila porque los profesores sean de su partido y se callen los graves problemas que generan estas leyes educativas que perjudican a los más pobres. Todo esto es tiranía educativa, por mucho que se camufle con votaciones. Es necesario promover mucho más la libertad de los padres.

Arturo Maneiro, La Voz de Galicia

Rubianes el recto

Lo peor de este paisano nuestro llamado Pepe Rubianes es su falta de ecuanimidad. Esa afición suya a introducir a España entera por el noble orificio rectal es extraña y seguramente dolorosa, y tampoco revela un gusto refinado llamarla puta en público, como hizo en el plató de la televisión catalana para divertimento de los presentes.

Sin embargo, tanto la idea de considerar a las naciones supositorios, como la de tacharlas de meretrices, merecería respeto si fuese una forma de rebeldía. Es decir, si don Pepe hiciese lo mismo con todas. He ahí un anarquista consecuente, diríamos de él en ese caso. Habría que considerarlo un provocador comprometido, un deslenguado que transgrede las normas, todas, y se cisca en todas las patrias, todas.

Pero no es así. Cataluña no es puta, sino una virgen a la que se debe adoración, y ni Euskadi, ni Galicia, ni Portugal merecen ser introducidas por el conducto anal. Así pues, no hay transgresión en la conducta del autor gallego. Todo lo contrario. Rubianes dijo lo que dijo para hacerse perdonar el pecado de no ser catalán de pura cepa. Su escatalogía es circense, la misma que la del payaso que busca el aplauso del público.

Necesita sobreactuar. Ningún catalanista, por radical que sea, diría semejante cosa, porque no necesita meter a España por el culo para ganar puntos o ser más patriota. Son los desarraigados con complejo los que precisan dar pruebas de compromiso, como los conversos de otro tiempo afanados en limpiar su sangre impura.

Más que indignación, es pena lo que produce nuestro paisano. Es la viva imagen de la descripción del colonizado que hacía Fanon, obsesionado por emular a sus superiores, vistiendo como ellos, hablando como ellos y, en este caso, diciendo procacidades que a ellos les puedan hacer gracia. Es el comportamiento que tiene la mascota hacia el dueño que la alimenta.

Claro que, con su actitud, Rubianes ha demostrado lo liberal que es la España que provoca sus diarreas. Tan sólo se ha suspendido una representación programada en un local público de Madrid. Nada más. Es imaginable lo que hubiese ocurrido si en una entrevista similar se hubiera referido a los putos vascos o aconsejado a los franceses que se metieran su país por el sitio en cuestión. Necesitaría protección policial en un caso, y le lloverían demandas en el otro.

No ha sucedido ni una cosa, ni la otra. Rubianes se va a España, explotando por cierto a una figura española como Lorca, a hacer una representación en un teatro español, regido por una administración española, y simplemente se suprime la velada. Es una muestra de buen talante, que explica por qué tanta gente se siente a gusto en ese país que a Pepe le provoca sarpullido.

Qué lastima que para ser admitido en ciertos ambientes de Cataluña se necesite actuar como un colonizado. Aquí en Galicia, Rubianes no necesitaría llamar puta a ninguna nación para que respetásemos su genio. Ni siquiera en Cuba le valdría de mucho pedir que los americanos se metan Estados Unidos por el susodicho conducto porque Fidel, además de educado, nunca confundió a los dirigentes con los países.

Mucho nos tememos que el esfuerzo de Pepe por hacerse perdonar su origen será inútil. A los catalanes de anchas miras, que son la gran mayoría, les da igual la procedencia y aplican eso de que es catalán el que vive y trabaja en Cataluña. Y a la minoría fanática no le bastará con los desahogos de Rubianes para darle el pasaporte. Seguirá siendo un extranjero gracioso.

Carlos Luis Rodríguez, El Correo Gallego

Portuguescolas

RECENTEMENTE La Voz de Galicia publicaba unhas cartas ao director que xogaban cos neoloxismos galescolas e inglescolas . Malia as súas diferenzas, o intervenientes tiñan razón en conxunto: o galego xustifícase por si mesmo e o inglés é a lingua franca do mundo. Só faltou o portugués na discusión, no momento en que o grupo das grandes potencias (o G8) convidaba o Brasil á xuntanza de San Petersburgo.

Seica en Galicia non se entende que a un neno galegofalante lle sexa doado aprender o portugués; mentres que o neno falante de linguas romances hase esforzar moito para aprender o inglés.

No inglés abondan as palabras monosilábicas, o cal é unha vantaxe para facer letras de cancións pero unha desvantaxe para entendelo. Xúntase a iso a cantidade de vocais que ten (difícil acertar na pronuncia de ship e sheep ; ou de course e curse , por exemplo). E para dominar a súa ortografía cómpre ser filólogo.

Fronte a iso o portugués ten regras sinxelas para representar a súa clara riqueza fonética. Axiña se aprenden, e como valor engadido teñen o coincidiren coas do francés (o que fai os portugueses tan bos falantes dese notable idioma veciño).

Se o portugués se ensinase en Galicia desde a escola, os galegos aproveitarían a súa maior riqueza cultural: abriríanse a 250 millóns de falantes en catro continentes. E, de paso, encontrarían fácil o francés. Non sería malo, logo, o pensarmos en portuguescolas (ou, mellor dito, galegoportuguescolas ) sen esquecermos o castelán e o inglés.

Xavier Alcalá
, La Voz de Galicia

Mimos

Que Santiago ten que coidar dos seus turistas, porque son parte importante dos ingresos da cidade, semella algo bastante evidente, inda que só sexa pola cantidade de peregrinos que ocupan as rúas do casco vello ano tras ano e que animan os comerciantes a abrir máis locais destinados a mimar a tan ilustres visitantes. O que xa non está tan claro é que os visitantes mimen a Santiago e deixen na cidade parte dos cartiños que cada ano, e como anuncian as asociacións de consumidores, deixamos de media por persoa nas nosas viaxes. O outro día, nun pequeno local da zona vella, dous estranxeiros pediron unha cervexiña a medias, cos dous vasos; polo menos, un podía beber pola botella, e así tamén aforraba o do bar... en lavalouzas...

Non sei eu se no Mediterráneo estes mesmos visitantes pedirían unha entrada para dous nunha discoteca ou beberían un granizado a medias nun luxoso chiringo da praia. Mimamos menos o turismo de catedrais que as festas na praia? En xeral, semella que si, algo que por outra parte ten difícil solución. Eu non o pensaría xamais, pero hai quen di que tivemos a mala sorte de que nos tocara un fermoso casco antigo en lugar dunha praia grande e saturada.

Sara Barreiro, El Correo Gallego

Terapia

Semella que a normalidade chegou xa ás nosas casas. Esteamos ou non de vacacións, descansaramos aquí ou alá -ou mesmo pasaramos o mes sen descansar-, hai cousiñas que xa cheiran a inverno, ou polo menos a outono, e que fan que ansiemos máis a chegada deses momentos de xersei de la que a continuidade deste sol que a moitos xa non pode deleitarnos.

As que máis chaman a atención son os escaparates das grandes superficies comerciais... botas altas, abrigos con tres forros, gorros e bufandas... Si, si! Bufandas!! Pero ese síntoma de adaptación ó traballo non consegue facernos esquecer dos temas serios, e realmente recibimos a roupa de inverno con mala cara.

A cousiña que de verdade a moitos desestresará nas xornadas de duro traballo é a liga. Haberaos que berren sexan do equipo que sexan; que choren gañen ou perdan; ou que non vexan o partido, simplemente beban cervexa e insulten o árbitro faga o que faga. É a terapia que fai que nos enfademos por cousas que non teñen importancia e deixemos a un lado as que de verdade non nos deixan durmir. Non notaron que moitos respiraron xa tranquilos esta última semana? É -un ano máis- o mono do deporte rei.

Sara Barreiro, El Correo Gallego

¿En qué hablarán de mayores?

La pregunta es cuántos de estos ochocientos niños que se escolarizarán sólo en gallego hablarán en gallego cuando sean mayores. Precisemos: no cuántos podrán hablarlo y escribirlo, sino cuántos lo harán. De acuerdo con las estadísticas, no serán muchos. Los datos reflejan la curiosa circunstancia de que el uso cotidiano del gallego decrece en las generaciones que ya han tenido tratos con el idioma en las aulas.

Es decir, que su introducción en la escuela, en los textos, en las clases garantiza su conservación en el sentido conservero del término, pero no su utilización. Para ese sector juvenil que deserta del gallego a pesar de haberlo aprendido, el gallego no es una lengua viva ni muerta, sino criogenizada a la espera de que pase algo y se reanime. Mientras tanto, los chavales pasan.

Las circunstancias que los llevan a ser gallego-sapientes, pero no gallego-parlantes, son más o menos las mismas que rodearán el día de mañana a buena parte de los ochocientos críos del experimento. ¿Cuántos de ellos se van a encontrar al salir con un ambiente familiar y social acorde con el de la escuela? Habrá algunos que sí. Sin embargo, una mayoría notará el divorcio idiomático entre lo escolar y lo extraescolar.

Incluso cuando el mundo exterior al colegio es gallego-parlante. Una de dos: o los rapaces adaptan el gallego normativo al normal que hablan sus padres y abuelos, o será visto como un bicho raro con sus grazas y servizos. He ahí un asunto que puede explicar el fracaso social de la galleguización. ¿No estaremos creando un incipiente trilingüismo, con el gallego académico situado en una tierra de nadie?

¿No se estará repitiendo en Galicia la pugna entre el demotiké y el kazarevusa, el griego vernáculo y el purista, que durante muchos tiempo lastró la implantación de la lengua helena? Es una pugna que afecta a toda la sociedad, pero en especial a aquellos en cuyas manos y cuya lengua está el futuro del idioma. Recordemos, por cierto, que la polémica griega se resolvió finalmente a favor del griego vulgar.

Aquí el problema es que en el establecimiento del gallego canónico se hace más caso a la filología que a la sociología. Como es natural, los académicos y lingüistas buscan la pureza, y se alegran cada vez que alumbran una palabra más depurada. La cuestión es si esa palabra y esa normativa son asumibles por la sociedad real.

Se dirá que la sociedad gallega nunca ha rechazado una normativa. Es verdad. Simplemente no le hace caso. Cuando toca utilizar nuestro kazarevusa, se hace con mayor o menor fortuna, pero una vez que se abandona el plató o la tribuna, el matrix lingüístico se evapora y se retorna a un mundo real donde abunda el gallego real.

Que esos ochocientos niños se escolaricen sólo en gallego es una iniciativa irreprochable porque no viene impuesta por ninguna Mesa, sino aceptada voluntariamente por toda la comunidad escolar. El problema es que a esos escolares se los meta en un mundo lingüístico que poco tenga que ver con el que tienen fuera. Si es así, el efecto que tendrá su galleguización párvula en la vida adulta será similar a la que tuvo el aprendizaje del latín en sus abuelos.

Si es así, el gallego que reciban ahora quedará guardado en algún rincón, con el modelo antiguo de la Play y la primera bici. De mayores serán objeto de nuevos estudios que demostrarán su espléndida actitud para hablar y escribir en una lengua hermosa y depurada que no hablarán. Y volverá a haber ochocientos niños más.

Carlos Luis Rodríguez, El Correo Gallego

Imanes y conversiones

Los dos periodistas estadounidenses de la cadena Fox que habían sido secuestrados en Palestina salvaron su vida convirtiéndose obligatoriamente al islam ante las cámaras de televisión. Quedaron marcados para siempre: si apostatan serán condenados a muerte, y cualquier musulmán piadoso debería asesinarlos.

Posguerra española. Poco antes de 1950. Siendo un niño, este cronista fue secuestrado por unas damas de Acción Católica y bautizado a la fuerza en una fuente pública para enmendar la herejía de sus padres, que no lo habían sometido al beatífico trámite. El párroco, a pesar de que era un obtuso nacionalcatólico, declaró la invalidez de la ceremonia y les impuso como penitencia rezos y generosas limosnas para la Iglesia. Aquella España negra y terrible era liberal comparada con el yihadismo islamista que está despertando ante nosotros, y que tanta simpatía le inspira a una izquierda que apoya las peores y más horripilantes formas de teocracia. Imagínese usted millares de fanáticos cardenales Gomá, de imanes y ayatolás mil veces más obtusos que aquellas beatas y su cura, vigilándolo y condenándolo todo. Regulando la vida y los pensamientos de cada uno, como las peores sectas destructivas, ordenando el degüello, la horca, la lapidación, al linchamiento de cualquier heterodoxo.

Recordarlo no es islamofobia: ante el silencio de los musulmanes moderados, es alertar con la experiencia y el conocimiento.

Manuel Morales do Val, El Correo Gallego